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Terra
La Coctelera

Estrés postvirtual

 

Elimar Bello T.

 

Una de las frases más comunes cuando tenemos entre nueve y diez años es: "¡odio a mi maestra!". A esa edad se suele iniciar la segunda etapa de la Escuela Básica en Venezuela, por ello no es extraño que las exigencias académicas se incrementen y, obviamente, los maestros se tornan más intolerantes con los chicos, cuyas actitudes comienzan a ser más desafiantes. Tal situación provoca momentos alucinantes en los más jóvenes quienes, asustados, comienzan a evadir las responsabilidades académicas sumergiéndose en las actividades que ofrezcan mayores "emociones".

Mi nativa digital se dedica a los videojuegos, en este momento su gran distractor es un juego de simulación en el que crea personajes, entornos e historias que aparentemente no son más que una replicadle típico juego de simulación que se inicia con aquello de "vamos a jugar a que yo soy...y tú eres". Hasta este momento todo luce inofensivo, lo interesante se inicia cuando leo en la página web del juego el lema publicitario con el que lo comercializan: "Juega a la vida". Tal lema me obliga, (como migrante digital), a analizar lo que hace mi hija con los personajes que crea. Debe alimentarlos, enviarlos al baño, distraerlos, obligarlos a socializar e incluso instarlos a sostener  relaciones sexuales. Todo muy realista hasta ahora, a veces demasiado, pero en el mundo real los niños que pasan muchas horas en la red están expuestos a demasiadas muestras de realidad explícita a través de las páginas para adultos que abundan en el ciberespacio.

Sin embargo, ese no es el punto de nuestra reflexión de hoy, ya que mi pequeña nativa digital me ha mostrado otras posibilidades de los videojuegos y particularmente de este juego de simulación.

Después del consabido "odio a mi maestra", la reacción fue inesperada: "voy a hacer un personaje en el videojuego y me voy a vengar". Para mi sorpresa diseñó un personaje bastante parecido a la docente que amargaba sus mañanas, la bautizó con el mismo nombre de la educadora y le compró un calabozo sin cocina, nevera ni baño. Con curiosidad me preguntaba qué pensaba hacer, y con su tierno rostro me decía: "la voy a dejar morir, no he decidido cómo, por ahora la tengo en el calabozo".

Sinceramente no creí que tendría valor para hacer eso al personaje que había creado,  intenté negociar con ella para que no eliminara al personaje (no sé, tal vez hacerle la vida difícil y no cumplirle los deseos sería más que suficiente).

Al día siguiente, cargada del pesar por los regaños que recibió en la mañana, encendió la computadora, colocó el CD con el video juego y me invitó a ver "morir" de hambre a su personaje. Me sentí en la Edad Media, en plena plaza pública, observando la ejecución de un hereje a manos de los verdugos de la Inquisición. La agonía del personaje virtual me remordió la conciencia, pero mi pequeña nativa digital no parecía sentir el más pequeño asomo de remordimiento.

Enseguida, mi mente racional buscó una justificación en el arsenal lógico que siempre me acompaña y llegué a la siguiente conclusión: si tanta violencia contenida puede ser desahogada ante la pantalla del computador, tal vez los videojuegos ejerzan un efecto terapéutico en algunos nativos digitales, invirtiendo el efecto que puede tener la violencia sin sentido de aquellos que no son capaces de reenfocar sus odios.

La nativa digital quedó aliviada, totalmente consciente de que se trataba de un videojuego. Finalmente, ¡el estrés postvirtual es todo mío!

 

23/02/2011

Crónica de una Nativa Digital

 Elimar Bello T.

El ser humano es naturalmente curioso, debe ser por eso que los niños no le tienen miedo a las teclas de la computadora, ni a los comandos de un software. Ellos nacieron en plena era digital, son nativos digitales, comprenden que  el mundo puede conocerse gracias a la web y que las relaciones personales también pueden sustentarse en los entornos virtuales. Ser nativo digital implica una noción de mundo que no todos los migrantes digitales comprendemos.

"Todo está en la web" dice mi hija de nueve años, nacida con el milenio, ya tiene un blog, tres cuentas de correo electrónico, canal en You Tube, espacio en Facebook  y hasta creó su propia red social. Mi pequeña nativa digital comprende el mundo de una manera distinta, para ella en el chat no hace falta la ortografía porque la "ciberlingüa" lo permite todo: palabras sustituidas por imágenes, emociones expresadas a través de emoticones, intercambio de letras por signos de puntuación o por símbolos que significan otras cosas en la correcta ortografía que aún le exigimos a nuestros chicos en la escuela.

A veces, al ver nuestro rostro o escuchar nuestros comentarios sobre la corrección ortográfica que debe manifestar una persona de su edad, inmediatamente se corrige y corrige a sus interlocutores en pantalla. La mayoría de esos interlocutores (foto y apodo) se excusan diciendo que nadie se preocupa por la ortografía cuando chatea; como es de esperar, en la línea siguiente vuelven a aparecer mil errores ortográficos sustentados en el hecho cierto de que los espacios web están dominados por la inmediatez y la falta de tiempo para enmendar lo que se "dice" en el chat. Evidentemente, en su afán por replicar la rapidez de la comunicación oral, el chat ha propiciado la difusión de la ciberlingüa, de la imagen que sustituye una letra o una palabra. Si todo se quedara en el entorno virtual, sería maravilloso, tendríamos la sensación de que "cada cosa está en su lugar", pero esta "generación vitrina", tal y como la denomina  Giovanni Sartori  (2005), no ha comprendido plenamente la profundidad de esa frase y continúan manejando la ciberlingüa en entornos reales como la escuela, creando en quienes observamos, la sensación de estar en presencia de un interesante proceso de cambio lingüístico que tarde o temprano permeará las disposiciones de la RAE.

Mientras tanto, la pequeña nativa digital sigue coleccionando espacios virtuales para exhibir lo que piensa, lo que le gusta y lo que detesta, creando y recreando junto a sus pares una ciberlingüa que cambia cada día con una velocidad que sorprende tanto como la velocidad de la era digital.

Fuente citada:

Sartori, G. (2005) Homo Videns. La Sociedad Teledirigida. Editorial Suma de Letras. España.

Cultura y TIC

 

Elimar Bello T.

La cultura es el elemento que nos identifica como pertenecientes a un determinado grupo, la misma se transmite a través de la educación formal y de la no formal y la tecnología en la actualidad, nos enfrenta a la paradoja de un mundo globalizado virtualmente pero cada vez más cerrado, puesto que no todos tienen acceso a la tecnología ni a la utopía del mundo igualitario que a veces se quiere vender por esta vía.
Sin embargo, el acceso a la tecnología se ha venido transformando en una exigencia cultural que a futuro, se espera, permita que más personas se "sientan" parte de un grupo intercultural que, de heterogéneo pasará a ser, poco a poco, más homogéneo, convirtiendo en realidad la "aldea global" de McLuhan. Necesitamos espacios para pensar hasta qué punto esta confluencia de culturas y de saberes incidirá en la forma en la que nos vemos a nosotros mismos, a nuestro entorno real inmediato y a nuestro entorno virtual (a veces más cercano y trascendente que la realidad).

CIUDADANOS DEL CIBERMUNDO

 Navegar en la web puede crear la sensación de que todos somos iguales, sin diferencias étnicas, sexuales o de edad, sin embargo, ¿hasta dónde llega esto? En principio ser ciberciudadano implica la pertenencia a un mundo virtual que llega a ser absolutamente real para el que se sumerge en la red, pero que es totalmente inexistente para el que no tiene ni idea de cómo se enciende una computadora.

Los mecanismos de interacción social que somos incapaces de crear en la realidad, se establecen ¿naturalmente? en el cibermundo; así tenemos casos en los que los individuos no se saludan cuando se encuentran persona a persona (en el mundo real) pero se envían regalos o besos virtuales en los espacios para el chat y en las redes sociales.

Esta nueva y bipolar visión de las relaciones interpersonales (en el mundo real no te hablo, en el mundo virtual te mantengo informado de mi vida) debería provocar la reflexión en torno a lo que se va creando en la psique colectiva, especialmente en los más jóvenes, puesto que el mundo real no existe, es una fantasía circunstancial y temporal que permite penetrar en el mundo virtual, con una cibersociedad en la que los ciberamigos y los ciberespacios son más significativos.

La discrepancia entre el mundo virtual y el mundo real es preocupante para aquellos que se detienen a pensar en el futuro caótico que nos espera; pero para otros, que aún persiguen la quimera de un mundo absolutamente controlable, ese cibermundo es ideal puesto que su responsabilidad se restringe a manejar las herramientas básicas: ctrl+alt+suprimir; escape; cortar y pegar; es decir, las herramientas básicas para la cibersupervivencia.

Lo único que nos deja el cibermundo como certeza es que aquel que maneja las herramientas controla los elementos de su ciberentorno, pero cuando cortan la corriente eléctrica ¿qué le queda al ciberciudadano que acaricia un ciberadicción?

 

31/07/2010

Violencia cotidiana

Reflexión realizada para la asignatura Violencia y Pantalla, Maestría en Tecnologías de la Información y de la Comunicación. UCV. (2006)

Miquel Rodrigo (2003) afirma que: "La culturalidad de la violencia, supone constatar que las zonas de consenso, discenso y negociación no sólo varían en una misma sociedad a lo largo del tiempo sino que pueden variar también entre distintas sociedades coetáneas. De allí que diversos autores señalen que cada sociedad canaliza la conducta violenta de acuerdo con unos valores y unas pautas de comportamiento aceptadas socialmente" . Vivimos en una sociedad fundamentalmente violenta, siendo ésta la razón por la cual no sólo somos capaces de aceptar y de convivir con la violencia sino que hasta podemos clasificarla a partir de nuestra cotidianidad y, por ende, ejemplificarla. El planteamiento de Miguel Rodrigo (2003) sobre el cual comentamos en este momento, nos permite afirmar que el paso del tiempo ha sido determinante en nuestra aceptación del incremento en los niveles de violencia, así cada año que pasa, las llamadas “cifras rojas” aumentan indefectiblemente, ya hablamos del “parte de guerra” del fin de semana y no nos sorprende ver un cadáver a plena luz del día en medio de la acera. Hasta hace algunos años, todavía nos sorprendía escuchar de personas que quedaban atrapadas en la línea de fuego entre dos bandas o los tiroteos nocturnos en ciertas zonas de la ciudad de Caracas, sin embargo, hoy en día, nuestro siempre flexible nivel de tolerancia, nos permite dormir mientras escuchamos los gritos de desesperación de alguna víctima del hampa, total lo importante es que dicha víctima no sea ningún familiar, amigo o conocido al cual apreciemos; es por ello que M. Rodrigo cuando señala que: “La culturalidad de la violencia, supone constatar que las zonas de consenso, discenso y negociación no sólo varían en una misma sociedad a lo largo del tiempo sino que pueden variar también entre distintas sociedades coetáneas”. En efecto, en nuestro propio entorno es posible observar cómo algunas manifestaciones de la violencia son tolerables (y hasta socialmente excusables) y en otras resultan intolerables, un ejemplo de ello es la violencia de género, en las zonas rurales, aquellas en las que el conuco es la principal fuente de recursos económicos, es aceptable la violencia ejercida contra los parientes más cercanos: esposa e hijos, quienes de alguna manera aceptan malos tratos e irrespeto por parte del “pater familiae”, situación en la que nadie puede involucrarse porque “en pleitos de marido y mujer, nadie se debe meter”. La situación anteriormente descrita también puede observarse en las zonas más empobrecidas de las ciudades, realidad que el saber popular atribuye a la ignorancia en la cual pueden estar sumergidas las personas que forman esa familia. De ser cierto el último planteamiento, es decir que a mayor nivel educativo, existen menos probabilidades de vivir la violencia (en este caso intrafamiliar), tal situación sería intolerable si los protagonistas tuviesen, al menos, un título de profesionales, lo cual nos permitiría preguntarnos, ¿es más tolerable la violencia intrafamiliar cuando se tiene menor nivel educativo y socioeconómico?

 

Acercamiento al texto Desafíos del Desarrollo del Dr. Agustín Lage desde la realidad que afecta a la Educación Superior venezolana

El trabajo realizado por Agustín Lage, Desafíos del desarrollo (1995), es una profunda reflexión acerca de los problemas que supone la gran cantidad de conocimiento que se produce en el mundo actual, debido fundamentalmente a las grandes inversiones monetarias y al desarrollo tecnológico que hemos venido observando en todas las áreas del conocimiento humano. En este ensayo, el Dr. Lage señala que "La transformación de los nuevos conocimientos en nuevos medios materiales es ya tan rápida que el acceso al conocimiento y a la capacidad de generación del nuevo conocimiento se convierte en un componente esencial del desarrollo". Como podemos observar, tanto la producción del conocimiento como la obsolescencia del mismo se convierten en problemas fundamentales que deben ser abordados desde diferentes puntos de vista.
En estas líneas, se desea realizar un acercamiento a lo que acontece con las universidades venezolanas a la luz de los planteamientos realizados por el Dr. Lage pues, en efecto, nuestro sistema universitario se ha esmerado en equiparar las palabras academia e investigación, de tal forma que para considerarse académico la investigación es fundamental. Ahora bien, siendo esto así, nos llegamos a encontrar con el hecho de que, efectivamente, la investigación es una de las áreas indispensables en el desempeño de la carrera académica, sin embargo, dichas investigaciones no siempre han redundado en un trabajo contextualizado y/o en pro del contexto local en el que se desarrolla. Existen sí, trabajos aislados en los que algunas universidades, debido a su origen y al área específica de formación (pedagógica), desarrollan investigaciones tendientes a mejorar el desempeño de sus egresados dentro de los contextos locales, e incluso globales en los que se desempeñan. Los institutos pedagógicos, que en Venezuela se agrupan en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, son instituciones en las que se produce una investigación directamente relacionada con el entorno social e, incluso, se involucra al estudiante y se le estimula para hacer de su realidad local un objeto de estudio con el cual pueda realizar un trabajo progresivo de análisis que permita responder a las necesidades de las comunidades sin violentar su realidad, pero a la vez incidiendo en ella de tal manera que pueda lograr los cambios indispensables para reorientar la labor social.
Desde el Instituto Pedagógico de Caracas se han impulsado estudios para sistematizar las lenguas indígenas nacionales, valorando las culturas que originan nuestro mestizaje. De igual forma, en esfuerzo por entender la realidad de nuestros jóvenes, materia prima de trabajo para el docente, se realizan estudios que permiten caracterizar la ciberlingua o las transformaciones que ha sufrido nuestro idioma a partir de la generalización del uso de los mensajes de texto en los teléfonos celulares, todo ello para entender los problemas ortográficos de nuestros estudiantes y crear estrategias que les permitan comprender la necesidad de emplear la norma académica. Algunas de estas investigaciones se realizan gracias a grupos de estudiantes que investigan bajo la tutela de un equipo profesoral que orienta la investigación científica, es decir, la investigación no es un proceso que sólo atañe al profesor, también involucra al estudiante transformándolo en un ente activo durante el proceso de producción del conocimiento.
Más adelante el Dr. Lage señala como uno de los principales problemas el hecho de que: "Los tiempos de obsolescencia se han reducido tanto que ya se han hecho menores que la duración de la vida profesional y promedio". Sin duda alguna, las investigaciones (así como el conocimiento en general) deben comenzar a considerar su obsolescencia desde el mismo momento en que se publican puesto que, así suele ocurrir en algunas de nuestras universidades, la publicación de un trabajo no se realiza inmediatamente después de culminado el mismo sino uno o dos años después, tiempo en el que, debido a la velocidad de transformación del conocimiento, es probable que ya dicha investigación deba ser revisada y reenfocada.
En otras palabras, la producción del conocimiento es una espiral constante en la que se profundizan las diferentes áreas de conocimiento y en la que también se requiere “…la universalización del pensamiento científico” mismo, porque sin difusión, la investigación deja de cumplir uno de sus roles más trascendentes: la difusión del conocimiento para su uso, análisis y validación por parte de las comunidades locales y globales.

Elaborado para la asignatura Planificación de Procesos Educativos. Profesor Humberto Granados Benedico. Diplomado en Comunicación Social.

Didáctica y TIC (III)

Trabajo para la Maestría en Tecnología de la Información y de la Comunicación (UCV)

¿Está mal que estas tecnologías de la información y de la comunicación traspasen la frontera del espacio educativo? Evidentemente no, por ello el cambio de paradigmas se inicia cuando los participantes de los procesos de enseñanza y de aprendizaje desechan las etiquetas y comienzan a entender que también se puede aprender a través de estas tecnologías.

Marques Graells, P. (2001) plantea que internet puede servir como soporte didáctico para el aprendizaje presencial y no presencial pues facilita el intercambio comunicacional, el acceso a materiales didácticos en línea, la consulta a bibliotecas electrónicas, incentiva la construcción compartida del conocimiento, el aprendizaje cooperativo, el aprendizaje colaborativo, la resolución de problemas y la realización de proyectos entre estudiantes y profesores, así como la posibilidad de establecer tutorías, nos hablan de una vía para redimensionar los procesos didácticos y la tecnología educativa superando la barrera del tiempo y la distancia, estimulando el desarrollo del pensamiento crítico, analítico y creativo e integrando eficientemente las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información en la mayor cantidad posible de situaciones de enseñanza y de aprendizaje que puedan ponerse a disposición de mayor cantidad de personas.

LISTA DE REFERENCIAS

Abio, G y Barandela, A. (2001, otoño). Uso de noticias en formato electrónico para la enseñanza-aprendizaje de español como lengua extranjera. Recuperado el 19 de abril de 2005 desde http://sedll.org/doc-es/publicaciones/glosas/fin7/primera.html

Amaro, R. (2002). La Didáctica. Recuperado el 12 de abril de 2005 desde http://www.sadpro.ucv.ve

Bartolomé Pina, A. (2001) Preparando para un nuevo modo de conocer. Recuperado el 12 de abril de 2005 desde http://www.uib.es/depart/gte/revelec4.html

Marques Graells, P. (2001) Usos educativos de Internet: funcionalidades, ventajas y riesgos. En Pérez Gutiérrez, M. (Comp.) Materiales para el curso de Ciberdidáctica de las lenguas y de sus culturas. Caracas: Autor.

Medina, A. (2003). La didáctica: disciplina pedagógica aplicada. En Medina, A. y Salvador, F. (Comp.) Didáctica General. Madrid: Prentice Hall.

Silvestre, M. y Zilberstein, K. (2002). Hacia una didáctica desarrolladora. La Habana: Editorial Pueblo y Educación

Didáctica y TIC (II)

Trabajo realizado para la Maestría en Tecnologías de la Información y de la Comunicación (UCV)- Segunda parte

Los cambios tecnológicos que se presentan en la sociedad de la información han generado la necesidad de un cambio de paradigmas en cuanto a la actividad docente pues se hace imprescindible integrar las TIC’s al proceso educativo. Dicho cambio de paradigma pasa por la exigencia de nuevas habilidades para todos los participantes en los procesos de enseñanza y de aprendizaje, tanto docentes como estudiantes requieren adaptarse a las nuevas realidades del mundo de las tecnologías de la información y de la comunicación. Es decir, se plantean la necesidad de una actualización permanente y el diseño y uso de nuevos modos de organización y acceso a la información (Bartolomé Pina, A. 2001) . Ante esta realidad lo primero que podemos preguntarnos es, ¿todos los docentes y estudiantes consideran a las tecnologías de la información y de la comunicación como un elemento a través del cual también se puede aprender?. Para muchos Internet es la “biblioteca virtual” que facilita copiar una monografía o es el punto de encuentro con los amigos que “chatean” todas las tardes o noches. Otros, en cambio, están considerando estas tecnologías como un mecanismo a través del cual se puede intercambiar información de diversa índole, así como establecer un proceso de enseñanza y de aprendizaje que brinda frutos sorprendentes.

Abio, G y Barandela, A. (2001) plantean que habitualmente los docentes consideran que Internet es sólo un medio para obtener informaciones interesantes para los alumnos e intercambiarlas con otros profesores, esta afirmación ya nos hace pensar que es necesario un cambio de paradigmas pues una de las funciones que se han adjudicado a Internet es la del “entretenimiento” (Marques Graells, P. 2001), ello ha dificultado el que se asuma como una tecnología capaz de aportar aprendizajes reales , en los cuales pueden afinarse incluso habilidades básicas como las de escribir (producir textos) y leer (comprender textos). Tal cambio de paradigmas se ha venido dando en forma progresiva, muestra de ello es la gran cantidad de investigaciones, proyectos educativos y revistas especializadas que presentan a las tecnologías de la información y de la comunicación como una vía alternativa para enseñar y aprender.

Parte de estas tecnologías es también la televisión y el teléfono celular, los cuales cargan sus propias etiquetas (negativas y positivas) que evidencian un cierto miedo a la incorporación de estos elementos en el proceso educacional. Así, se manifiesta que la televisión deforma al individuo, lo torna pasivo y acrítico, pero se olvida que este medio también puede ser empleado para entender el mundo que antes sólo veíamos plasmado en una enciclopedia, (sería excelente aplicar preguntas de comprensión para estimular en los alumnos posiciones más críticas y estimular así la escritura de textos coherentes); igualmente, el teléfono celular ha sido acusado de deformar el lenguaje escrito, a través de los mensajes de texto, pero algunos estudiantes utilizan los servicios telefónicos para determinar, por ejemplo, la escritura correcta de algunas palabras, empleándolo como un “diccionario de bolsillo”.